Para que la fórmula no se pierda
Si la mezcla vive en la cabeza de un estilista o en una libreta del cajón, el trabajo se rompe en cuanto cambia el profesional o el centro. El cliente pide el mismo color y el salón no puede repetirlo.
- La fórmula es del cliente, no del estilista
- El registro se queda donde está, también entre centros
- La constancia del color deja de ser cuestión de suerte